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Lunes 12 de
septiembre de 2005
HISTORIA DE AMOR POR LOS FIERROS
Un homenaje a aquel viejo Citroën
El jefe de Fotografía de Clarín, Jorge
Durán, y su hijo Juan Manuel ganaron el III Gran
Premio Histórico organizado por el ACA. Fue con un
auto del mismo modelo que el que su padre le había
regalado en 1968.
Jorge Durán.
jduran@clarin.com
El primer auto que tuve —regalo de mi
papá Adolfo, en 1968— fue un Citroën 2 CV de 1960
y hace cuatro años compré uno igual, del mismo
año. Para completar esa suerte de homenaje
al viejo Citroën, junto con mi hijo Juan Manuel,
tuvimos la loca idea de anotarnos en el III Gran
Premio YPF Histórico, organizado por el Automóvil
Club Argentino (ACA). Ya participamos
anteriormente, pero ahora vivimos la emoción de
ganar.
No es que sea Herbie, el "escarabajo" Volkswagen
de película, pero este Citroën azul se las ingenió
para superar una rotura en San Juan —gracias al
taller generoso de José Orlando López— y de
nuestro amigo mecánico Alejandro Fornara, que
nos acompañó durante los nueve días de ruta.
Fueron 3.839,9 kms. de regularidad en 64 horas y
37 minutos; y 12 segundos de penalización. Pese a
que perdimos la manija de una puerta y la bocina,
el 2 CV llegó delante de clones de los
monstruos del Turismo Carretera de antaño. El
mismo TC que llegaba cada año a Bragado, mi ciudad
natal, donde se corría la vuelta del "Triángulo
del Oeste".
Segundo se clasificó el binomio argentino-uruguayo
Carlos Quarta-Ricardo Duhart (BMW 2002 del año
1970); seguido por Manuel y Alba Urrea, de San
Isidro (Fiat 1500 Coupé 68).
Una de las claves para dar la vuelta es la
concentración, porque hay tramos de pruebas
controladas y se maneja con un ojo en el
cronómetro y otro en el velocímetro. Pero lo
principal fue tener un navegante como Juan Manuel,
mi hijo de 27 años, quien no erró un solo
cálculo.
Pasamos por lugares de ensueño que no hubiéramos
visto nunca si no fuera por la nostalgia del gran
premio. Esos mismos paisajes fueron testigos del
paso de Carlos Reutemann, con su cupé Fiat, o de
las cupecitas de los Gálvez y los Emiliozzi.
La ruta fue muy dura, por caminos casi
intransitables, pero con momentos de magia
como la nevada que nos acompañó en la Cuesta del
Clavillo, en Catamarca. No faltaron los momentos
de riesgo en la montaña, donde los autos se ven
como puntitos colgados sobre precipicios tan
bellos como peligrosos. Varios autos chocaron
contra la montaña. A nosotros nos había tocado el
peor momento entre Carlos Paz y San Juan, cuando
reventó una cubierta y no pudimos parar en pleno
"prime".
Esta carrera-aventura, que recorrió Buenos Aires,
Santa Fe, Córdoba, La Rioja, San Juan, Catamarca,
Tucumán y Santiago del Estero, fue un justo
homenaje a esos grandes premios realizados
entre 1935 y 1967.
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